viernes, 5 de febrero de 2010

Por amor a Minerva: Una vieja alegoría para una nueva paz


El siguiente texto corresponde a un fragmento del ensayo que redacté para el "Concurso de Manifiestos por la Paz" celebrado en el I.E.S. "Fernando de los Ríos" y que resultó ganador:

POR AMOR A MINERVA: UNA VIEJA ALEGORÍA PARA UNA NUEVA PAZ


Angel or demon, what unearthly spell Returns, divinely false
like all things fair, To mock this desolation?
(G. SANTAYANA, Odi et amo)


En días como estos, cercanos al 28 del mes cojo, parece que, al menos una vez al año, que no
hace daño, casi todos los ciudadanos estamos de acuerdo en algo: entre esas necesidades vitales que se nos hacen imprescindibles para seguir dando guerra en este mundo nuestro se encuentra esa palabra que a muchos, por suerte o por desgracia, les quita el sueño: la paz.
Atendiendo a una definición “casera” de paz podemos esclarecer esta como un convenio entre
ciudadanos en busca de algo tan básico como un lugar donde ejercer nuestros deberes y disfrutar de nuestros derechos. Y es que si algo nos reporta la paz, con ese “escenario” tan deseable que nos ofrece, es la libertad.
De hecho, nosotros, pobres seres avocados a la sociabilidad (“No es la conciencia lo que
determina al ser sino el aspecto social de este lo que determina su conciencia” decía Marx) vamos
en pos de la paz para buscar esa libertad que alimenta nuestra condición humana. En el antes
mencionado “escenario pacífico”, al no estar oprimidos bajo el dictado de la violencia, nos
convertimos en seres plenamente autónomos, más libres.
Es ahora cuando, surcando socialmente los terrenos de nuestro “escenario pacífico”, entramos
en territorio comanche. Es necesario establecer una relación coherente entre los dos términos que hemos tratado para no tropezar en nuestro alegre paseo y que alguna flecha terrorista pase
demasiado cerca de nuestro sombrero. Está claro que la paz trae consigo nuestra adorada libertad, es casi como una relación de causa y efecto aristotélica. Sin embargo, hay que dejarlo claro queremos a la causa como un seguro, un garante de la consecuencia. De nada nos sirve tenerlas por separado.
Si esa libertad nuestra, que los Académicos con mayúscula han llegado a definir como un
valor intrínseco del ser humano, se ve amenazada por los actos de violencia no nos queda más
remedio que expresar nuestra apología, nuestro amor por la paz enfrentándonos contra los que
provocan dichos actos a capa y espada, como si de un relato quijotesco se tratara. Solo que ellos
pretenden hacerse pasar por gigantes pero nosotros, sanos aún de la sesera y no como el pobre
caballero, vamos a derruir las en realidad endebles paredes de sus molinos.
En tiempos de la antigua Grecia, cuando las batallas podían contarse por cientos, existían
muchos iconos dotados de un fuerte carácter bélico a los que venerar. De entre ellos, creo que no
hay ejemplo más paradigmático que el de Ares, el apodado “Señor de la guerra”, destructor de
civilizaciones. Claro que Ares no vino sólo al mundo. A su lado, en casi cualquier libro de Historia
al que echemos mano, siempre encontraremos una figura que logró despertar también muchos
cantares en los padres de la democracia: Minerva, o Atenea si se prefiere usar el apodo latino.
Minerva es modelo de sabiduría, de cultura pero también lo es a su modo, aunque no sea un rasgo excesivamente popular, de la guerra. Una guerra que debería darles ejemplo a aquellos que se avergüenzan de combatir el terrorismo sólo porque no mostremos una actitud pasiva hacia él e intentemos cortarle la cabeza con la guillotina de la blanca paloma, ignorando los dictámenes de la paradoja de la tolerancia.
Si señor, Minerva es también toda una guerrera, pero no con la ansiedad destructiva del
descabezado Ares, sino virtudes como la prudencia o la justicia, virtudes que colman el poder
político.
Esta Minerva es el símbolo que nos ha de recordar los ideales por los que luchamos y que
nunca hemos de abandonar esta lucha, porque abandonarla sería hacer patente una traición hacia los que se han dejado la vida, literalmente hablando, en el comienzo de la misma.
Hay que remarcar esta faceta “libertaria” de la paz porque es fácil confundir ciertas
situaciones que se enmascaran de ella. Por ejemplo, en muchas ocasiones se puede tener sosiego,
tranquilidad incluso desahogo económico pero no libertad.
Hay casos, como el de la dictadura franquista, que ya que estamos en España vamos a hacer
autocrítica nacional -un espléndido deporte que por lo que parece carece de categoría olímpica, al
menos en territorio ibérico- en el que mucha gente vivía tranquila y aparentemente sin
preocupaciones (no debemos olvidar lo que siempre ha costado y cuesta hoy llenar el cuenco de
sopa), pero no gozaban en absoluto de libertad. Y es que, como la libertad es un producto
plenamente pacífico, es decir, nacido del anteriormente definido convenio entre ciudadanos, es
imposible llegar al estado de libertad careciendo de dicho convenio y dicho convenio solo es
sinónimo de democracia, de hermandad entre ciudadanos por un bien común.
Así, no debemos caer en el engaño de quienes pretenden disfrazar la paz de tranquilidad,
proporcionando una serie de medios tentadores que nos podrían llevar a caer en las fauces del lobo y nos hagan perder ese rumbo que nos marca Minerva, arma en mano y búho al hombro, del combate de por la paz.

(c) D. López.

(Me ha sido imposible mejorar la edición del texto).

viernes, 25 de diciembre de 2009

Las consolaciones de la filosofía


"Filosofías hay muchas y esta es una de ellas"

(A. Martínez)

Como lo prometido es deuda y ya iba siendo hora de hacerlo, he decidido publicar al fin un humilde comentario de uno de los libros que me fueron concedidos en nombre de este blog en el "I concurso de blogs de filosofía" en el curso anterior y que he tenido el sincero placer de disfrutar en mis vacaciones veraniegas: "Las consolaciones de la filosofía" de Alain de Botton.

Casi siempre que cae algún libro anteriormente desconocido en mis manos lo que suelo hacer es intentar contenerme para no empezar a leer desordenadamente el índice y hacer conjeturas sobre lo que puede pasar en la novela, "luego lo encontrarás más interesante de la otra manera..." me digo a mí mismo y normalmente este acuerdo con mi "yo interior" funciona bastante bien al imaginar que por leer alguna frase desafortunada el resto de la lectura, que en un principio se avistaba tan lucrativa, se convierta en una aburridísima tarea.

Este fue uno de los que me hicieron romper el trato en mil pedazos y dejar a mi "yo interior" con un palmo de narices y la estilográfica en la mano.

¿Quién se iba a creer que un desenfadado "libro de filosofía" podría entrañar un grave problema si no lo leías "como debe ser"?

En efecto, el título del libro era a la vez extraordinariamente objetivo como abierto a un mundo de posibilidades: "Las consolaciones de la filosofía"; cuando lo leí me surgieron algunas dudas al posible contenido del libro: ¿Pretendía ser una crítica hacia la propia filosofía, haciendo uso de la ironía?, ¿Acaso era un libro de auto-ayuda?, ¿o su finalidad era simplemente un título "enganchante" para lograr lectores a costa de personas interesadas en el tema?

La tercera opción enseguida quedó borrada de mi catálogo debido a que sabía quién había escogido el libro y que no había sido "el típico regalo de Navidad" sino que se trataba de un regalo cuya finalidad estaba basada en "saciar" el posible apetito literario de un nuevo aficionado a la filosofía.

Como la primera no era contrastable hasta haber empezado el libro y la segunda no me hacía mucha gracia lo abrí y le eché un ojo al índice: aquello hablaba de temas tales como la impopularidad, la falta de dinero o la ineptitud. Aquello no había solucionado del todo mis dudas así que decidí, a pesar de que no es algo que suela hacer a menudo, leerme de pe a pa la contraportada, cuyas primeras frases rezaban así:

"... En un fascinante recorrido a través de 2400 años de filosofía occidental, el autor recurre a la vida y obra de seis filósofos fundamentales para examinar otros tantos problemas comunes..."

("Las consolaciones de la filosofía", Alain de Botton, Taurus)

Aquello ya no pintaba tan mal. Podría ser interesante e incluso bastante entretenido ver como aquel libro relacionaba problemas de la vida cotidiana con las ideas de los, bastante más a menudo de lo que debieran, autores históricos que se relacionan en demasía con temas abstractos y que la mayoría de las personas no sólo no encuentra ninguna utilidad práctica sino que también los consideran tediosos de leer y comprender.

No había abierto las primeras páginas de aquel libro cuando ya se me estaba abriendo todo un abanico de ideas: la cosa se estaba poniendo cada vez mejor. Con todo, el tema del libro me estaba recordando horrores a una de las antiguas entradas de este blog, "El elogio de lo inútil" , en la que intenté exponer mi postura como buenamente pude sobre la frase "la filosofía no sirve para nada". En este artículo sostengo que utilidad es un concepto tremendamente relativo y que, en casos especiales como el de la filosofía, esta es tan polifacética que todos los aficionados a la materia deberíamos hacer un esfuerzo para trasladar las generalmente complejas ideas expuestas en los ensayos (debido a que en muchas ocasiones es necesario utilizar un lenguaje demasiado técnico para expresar determinadas ideas) a un nivel más "standard" que todo el mundo pueda entender sin la necesidad de interrumpir la lectura para ir en busca de la enciclopedia o el buscador de internet más cercano. Propongo esto debido a que estimo que en la inmensa mayoría de las ocasiones ese miedo o incluso desprecio que siente a veces la gente hacia la filosofía es causa de este tipo de redacción que aunque necesaria, es excesivamente abstracta y no permite a los no doctos en la materia establecer una relación clara entre una idea y una situación real.

Dicho y hecho, el tema del libro me quedó al fin bastante claro y me dispuse a leerlo.
He de decir que no es un libro especialmente pesado. De hecho, las incesantes anécdotas con las que enriquece Alain de Botton el libro amenizan bastante la lectura. Cuando uno termina de leer el libro se da cuenta de que, a pesar de hacer un sencillo aunque buen recorrido a lo largo de la historia de la filosofía, no es un libro de Historia de la Filosofía y sin embargo, creo que es una de las mejores formas de aprender algo de esta rama de la Filosofía.

Digo esto porque el libro nos muestra la filosofía in media res, es decir, que el leer cualquier aspecto en apariencia teórico de tal o cual autor significa en realidad comenzar a filosofar.
Este hecho es remarcable debido a que, y más este año que la curso, tengo una opinión bastante crítica contra los clásicos libros de Historia de la Filosofía. Estos, al menos lo que he podido contrastar, se dedican a mostrar parrafadas y parrafadas de características muchas veces sin explicación ni contexto del mayor número de autores posibles.
¿Y qué hay de la dialéctica, método que tanto se esforzó Sócrates en inculcarnos, muriendo incluso por la defensa de sus ideas? ¿Y el arte de la redacción? ¿Y las lecturas?
Cada día que pasa voy comprobando cada vez más que lo que quiere este sistema educativo nuestro es la creación de loros que sepan retener todo tipo de datos lo más precisos posibles. Es triste que alguien sepa las fechas de nacimiento y muerte de Platón, donde vivió la mayor parte de su vida, quiénes fueron sus maestros o los nombres exactos en su lengua original de todas y cada una de sus obras pero luego no sepa reconocer las metáforas que se pueden introducir en cualquier texto sobre su "teoría de las Ideas" o redactar aunque sea un pequeño ensayo sobre una opinión acerca de cómo afectó Sócrates al pensamiento de Platón.

Por último, quiero despedirme dando las gracias a A. Martínez, que fue quién eligió el libro, por haberme ayudado a descubrir las facetas más reales y, por qué no, divertidas de la historia de la filosofía, dandome una opción alternativa a mi actual libro de texto de la asignatura y provocando un cada vez mayor interés en la temática. Gracias.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Filosofía de Mafalda


Una vez más pretendo hacer ver que la filosofía está mucho más cerca de lo que pensamos y que no es totalmente imprescindible estudiar a Platón o a Aristóteles en profundidad para disfrutar de ella.

Como hemos dicho en otras ocasiones, cualquier medio que nos cause asombro y nos provoque una reflexión de nuestro mundo es un perfecto ejemplo de filosofía, luego, todo ello vendrá respaldado por la conversación o diálogo, el cual considero la unidad fundamental del ejercicio filosófico.

Dicho medio puede ser la lectura de una novela o un artículo, el contemplar un determinado cuadro o escultura, escuchar una obra de música clásica, asistir a una obra de teatro, ver una película o incluso observar la naturaleza durante una excursión por el campo. Sin embargo hoy quiero hablar de un medio que a menudo queda aparcado injustamente en el olvido: el cómic.

Ah, el cómic. El medio con el que quizá más jóvenes hallan apaciguado sus ansias de lectura antes de que pudieran comprender las tramas complejas de la novela o las tesis indescifrables del ensayo. Y con todo, a pesar de ser el inciador del, digamos, "inconsciente espíritu crítico", aquel del que tanto se vale la filosofía para formarse a sí misma, creo que se le tiene como un "arte menor" del que no puede salir nada más que ideas fantásticas irrealizables y que, como en más de una ocasión he podido oir, "sólo valen para entretener un rato a los niños, ya que, de hecho, son sólo un juego de niños". Es curioso que este mismo argumento fué el que utilizaron algunos para criticar a Sócrates allá por Grecia 400 años a.C., aludiendo que la filosofía es "un juego de niños" y que cuando uno se hacía adulto no valía la pena preocuparse por esas tonterías.



Dicho y hecho, vamos a hablar de lo que a mi me gusta llamar "filosofía de Mafalda" que no es más que el conjunto de reflexiones que se nos puedan ocurrir al quedar impactados por la lectura del género de la historieta, demostrando así que es un medio tan válido como cualquier otro para experimentar con la filosofía. El apelativo de "Mafalda" viene de que considero a esta niña ideada por el gran dibujante Quino como el ejemplo paradigmático de que podemos encontrar verdadera filosofía en el mundo del cómic y de que además, con todo el orgullo del mundo y en este caso especialmente, es pura cosa de niños.



Por supuesto, esta "filosofía de Mafalda" no se reduce en absoluto a las tiras cómicas de Quino sino que la podemos encontrar en un repertorio tan grande que se me hace bastante difícil seleccionar apenas unos cuantos: "Tintín", "Asterix", "Akira", "V de Vendetta", "Batman", "Watchmen", "The Sandman", "Adolf" o "Superlópez".
Con tantas posibilidades disponibles para todos los gustos y todas de tan alta calidad artística no entiendo el por qué del aparente desprecio que profesan algunos intelectuales contra esta bella forma de expresión que,como he dicho anteriormente, puede llegar a ser toda una subestimada fuente de ricos recursos filosóficos.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Una teoría de la libertad: "La teoría del caos y el modelo social de la libertad".

Desde los albores de la corriente de pensamiento determinista durante los siglos XVI y XVII (provocada, principalmente, por los descubrimientos científicos de los nuevos pensadores como Newton o Galileo Galilei) el planteamiento causa-efecto ha sido la base primordial de los sistemas físicos propuestos para la modelización de los procesos naturales.
Un ejemplo esclarecedor sería el siguiente: Si un jugador de fútbol le pega una patada a un balón, considerando los factores iniciales (distancia, fuerza del tiro, tiempo que tarda en realizarlo, etc.) y los factores que intervienen durante el sistema (gravedad, rozamiento del aire, etc.) se podrán deducir perfectamente los factores finales (distancia a la que cae, tiempo que tarda en caer, altura máxima alcanzada...) mediante unas ecuaciones bien definidas para este caso en concreto (tiro parabólico). Dicho de otra forma, al ser un hecho directo entre causa y consecuencia, "un pequeño cambio en las condiciones iniciales provoca un pequeño cambio en los factores finales". Vuelvo a repetir, toda la física clásica está basada en este principio. En este caso, imaginemos que al darle la patada al balón, éste recorre 15 metros pero si le damos una patada un poco más fuerte, podemos deducir que recorrerá unos 20 aproximadamente.
Hasta hace no mucho tiempo se consideró este principio como algo universal y del que se podrían deducir todos los sistemas materiales posibles. Sin embargo, la propia experimentación ha hecho que sea más que obvio que el determinismo es insostenible en según qué sistemas. A estos sistemas que el determinismo no puede abarcar se les denomina caóticos y, todavía, tras muchos años de estudio, están en pleno proceso de investigación científica.

Aunque en un primer momento esto de los sistemas caóticos nos suene un poco a chino, realmente estamos más que acostumbrados a verlos en nuestra vida diaria sin saberlo. Retomando lo que hemos dicho antes sobre el tema, podemos deducir que un sistema caótico es "aquel en el que un pequeño cambio en sus condiciones iniciales puede provocar grandes desajustes en sus factores finales". Tenemos el ejemplo del movimiento de las nubes, en el que intervienen una gran cantidad de factores y el cual es imposible de calcular usando un método determinista clásico. Veamos ahora como se realizaron los primeros descubrimientos de sistemas caóticos mediante las curiosas características de nuestra atmósfera.



Alrededor de los años 60, el matemático Edward Lorenz estudiaba el comportamiento de la atmósfera terrestre, tratando de encontrar un modelo matemático que, a partir de variables sencillas, pudiera predecir el comportamiento de grandes masas de aire (que permitiera, a través de cálculos computacionales, hacer predicciones meteorológicas). Lorenz, tras arduos intentos, consiguió ajustar el modelo a tres variables que expresan como cambian a través del tiempo la velocidad y temperatura del aire. El modelo se concretó en tres ecuaciones, bastantes simples a primera vista, conocidas hoy día como modelo de Lorenz.



En un principio, esto parece un resultado totalmente determinista. Es decir, un cambio expresado por una de las variables desajustará el sistema según el grado de variación que se haya incorporado a esa variable (causa (cambio en las variables) -efecto (cambio en la dirección del viento)). Sin embargo, cuando Lorenz empezó a hacer los primeros cálculos con su nuevo modelo matemático descubrió, con gran sorpresa, que "una pequeña diferencia en las condiciones iniciales (algo tan insignificante aparentemente como usar 6 decimales en vez de 3) desenvocaba en grandes diferencias en las predicciones del modelo", de manera que cualquier pequeña perturbación o error puede tener una gran influencia en el resultado final. De aquí surge la idea de "efecto mariposa".


El término "efecto mariposa" apareció como consecuencia de una explicación que trató de dar Lorenz a los increíbles resultados de sus ecuaciones: "Imaginemos a un meteorólogo que hubiese conseguido hacer una predicción muy exacta del comportamiento de la atmósfera, mediante cálculos muy precisos y a partir de datos muy exactos. De repente podría volverse una predicción totalmente errónea por no haber tenido en cuenta el aleteo de una mariposa al otro lado del planeta. Ese simple aleteo podría inducir un cambio radical en la predicción (pasando de un día soleado a una plena tormenta, por ejemplo)". Esta afirmación no parece muy lícita y como consecuencia ha dado lugar a diversas varianzas y recreaciones (por ejemplo, los viajes en el tiempo en las novelas de Isaac Asimov, en las que se debate el dilema de tocar o no tocar nada por la posibilidad de que el más mínimo cambio pueda alterar el futuro como dicta el "efecto mariposa". Podemos denominar por tanto "efecto mariposa" a "la amplificación de errores que pueden aparecer en un sistema complejo". En definitiva, el "efecto mariposa" es una de las características de un sistema caótico, en el que las variables cambian de forma compleja y errática, haciendo imposible hacer predicciones más allá de un determinado punto, que recibe el nombre de horizonte de predicciones.

A continuación, pongo una cita del matemático Mitchell Feigenbaum, experto en teoría del caos, que propone una síntesis de la idea:

"El caos observa que realmente existen movimientos sin orden. Gracias a la teoría del caos, hemos comprendido que puede haber movimientos erráticos que no son aleatorios, sino que responden a reglas fijas. Sí, efectivamente son fenómenos sin orden aparente -como por ejemplo el clima planetario- cuya motivación causal puede ser incomprensible y cuyas leyes se nos escapan, pero en absoluto son fenómenos derivados del azar".

Tras toda este embrollo científico, que estimo muy necesario ya que el tema que nos ocupa es el de la libertad desde un punto de vista caótico y, para poder reflexionar sobre el tema de una manera constructiva, debemos tener una base mínima sobre la teoría del caos, paso a centrarme en la parte filosófica y principal de la entrada: la aplicación de los conocimientos actuales en sistemas caóticos al problema de nuestra libertad.

Tal y como se indica en el título de esta entrada, lo que se pretende aquí es hipotetizar sobre la mente como un supuesto modelo caótico (podría ser, por ejemplo, la atmósfera terrestre) y no uno determinista como han propuesto algunos teóricos.
Es decir, bajo la hipótesis de un carácter caótico, los que postulan la inexistencia de la libertad humana basandose en que cualquier efecto fisiológico ( y por lo tanto psicológico) de nuestra mente viene determinado por una relación causa y efecto perfectamente deducible y que anula nuestra capacidad decisoria al estar esta predestinada por dicha relación estarán equivocados y su tesis se derrumbará ante la oposición del caos.

Puede que, como todo efecto natural, el funcionamiento del cerebro (o si acaso, de la dualidad mente-cerebro) pueda modelarse según unas ecuaciones pero esto no significa, como nos comenta el doctor Feigenbaum, que se trate entonces de un sistema determinista sino que puede ser un sistema caótico, que responde con resultados aparentemente dispares pero que realmente sigue unas reglas por asombroso que esto nos pueda llegar a parecer.

El hecho de que cualquier pequeña diferencia en las causas pueda llegar a causar una gran diferencia en los efectos obtenidos nos da pie a sostener la existencia de una "libertad" o como yo prefiero llamarla "una ilusión de libertad". Pero lejos de cualquier connotación puramente negativa de la palabra "ilusión" lo que pretende este sustantivo añadido es matizar este nuevo concepto que aquí se nos plantea.

Esta libertad, obtenida gracias a la imposibilidad de predecir con exactitud unos resultados en nuestras supuestas "ecuaciones de la mente" y una vez abolida la teoría determinista que nos impedía la existencia de dicha libertad, no sigue siendo más que un "efecto social" que viene "de fábrica" intrínsecamente en los seres humanos (ver "ser humano como ser social" o, próximamente en este blog la entrada "Idea de Dios"). Es decir, no podemos tener libertad sin demostrarla, y eso hemos intentado, humildemente, con la teoría del caos pero una vez demostrada no debemos olvidar que el verdadero concepto de libertad es provocado por nuestro carácter puramente social y que sin ese entorno entre iguales del que gozamos los seres humanos , esta "libertad caótica" no tiene consistencia lógica (recordemos que, al ser seres sociales, los cambios que provocan en nosotros el ambiente, causa unos efectos que, por nuestra teoría del caos pueden ser muy diferentes según la relación con ese ambiente) y por todo esto, esa libertad que tanto anhelamos, aunque pueda tener base científica, no es más que una mera ilusión, una ilusión verdaderamente efectiva, desde luego. De hecho, tan efectiva que inmediatamente se nos puede venir a la cabeza una maravillosa cuestión que pone en jaque todas las críticas que van dirigidas a la existencia de una verdadera libertad: ¿Y qué?

Hagamos un esfuerzo y reflexionemos sobre el magnífico argumento cartesiano sobre el que se apoya Fernando Savater en el capítulo "Yo adentro, yo afuera" de su libro "Las preguntas de la vida": Puede que toda nuestra vida sea un engaño, que no seamos más que un experimento mental de algún científico loco en algún mundo extraño o que realmente seamos parte de una realidad virtual al estilo de "Matrix" pero, si TODO es un engaño, ¿En qué se diferencia la verdad de la mentira? ¿Es que acaso no se le puede llamar a ese engaño permanente realidad y terminar de una vez con todo?

Con la libertad puede darse algo parecido: la sensación de libertad que podemos experimentar los seres humanos se siente de forma tan intensa y es tan satisfactoria que el que esa sensación sea en realidad artificial o no puede traer sin cuidado siempre y cuando siga siendo igual de penetrante. Es simplemente mantener un pequeño diálogo con un "yo" inocente:
-¿Y si acaso la libertad no es más que el resultado del movimiento predestinado de un puñado de moléculas?
-¿Y qué importa eso?
-¡Cómo que qué importa! Si no existe la libertad, no eres tan libre como piensas y verás ahogados tus más profundos pensamientos vistos como algo que "debías" tener, que estaba "determinado" y que no has pensado porque tú has querido y tú has sacado tus propias conclusiones de algo.
-Pero eso, realmente, da igual.
-¿Cómo que da igual? ¿Te da igual perder eso que tanto anhelas, que antes siempre estuvo ahí porque creías que era nuestro, que venía con el propio ser humano?
-Es que yo no soy libre. Yo me SIENTO libre.



En definitiva, la teoría del caos nos abre una vía alternativa a la totalitaria teoría determinista para hipotetizar sobre la existencia de una posible libertad y a partir de ahí extraer posibles conclusiones como la de la ilusión de la libertad. Con esto quiero decir que yo no entiendo la libertad como algo fríamente prefijado o incluso algo inexistente. Yo entiendo la libertad como algo salvaje, caótico, en contínuo movimiento y que en cualquier momento y por cualquier circunstancia externa a nosotros puede dar un giro de 360º y cambiar nuestro "destino". Y, por descontado, yo entiendo la libertad como algo nacido de "lo social" y que sin este punto de vista antropológico no se puede sostener por mucha teoría caótica que tengamos ya que sin esas variaciones que cuantificar (las variaciones ambientales) no habrá nada que nuestro caos nos pueda dar como resultado.

Por último, he de resaltar la humildad de este artículo que no pretende ser más allá de eso, otra reflexión filosófica más a la que nada haría más completa que el constituir otro pequeñísimo grano de arena a ese "camino en espiral" que sostiene Savater en "Las preguntas de la vida" como recorrido de la filosofía en torno a una cuestión. Y si algo creo que puede hacer este artículo para enriquecer ese camino no es, por supuesto, por lo que contenga en sí sino por lo que pueda llegar a despertar en los lectores: una nueva opinión, una crítica, un aporte, un simple comentario de una determinada postura que "haga sudar" o "le saque los colores" al propio artículo. Esa será la verdadera meta porque, más allá de que lo que yo aquí suscriba, sea válido, dudoso o un completo disparate, entonces, cuando esa crítica u opinión se hallan hecho efectivos, sólo entonces, estaremos hablando de verdadera filosofía.

jueves, 25 de junio de 2009

Ganador del I Concurso de blogs de Filosofía

Este blog ha tenido el honor de ser premiado con el I Premio del concurso de blogs filosóficos del I.E.S "Fernando de los Ríos", fundado y coordinado por el profesor del departamento de Filosofía del instituto, Alfredo Martínez.
Esperando ser el primero de otros muchos, quiero destacar la característica didáctica del blog, que puede ser una herramiento interesante a la hora de estudiar en vez de leer directamente el libro, y que es lo que perdura más allá del aumento final de la nota.
El premio ha consistido (a parte del aumento de nota y del correspondiente diploma que lo atestigua) en tres libros, de los cuales uno ha sido especialmente elegido por el profesor de filosofía sobre la temática de la asignatura (aunque no puramente filosófico, sino más bien una mezcla entre filosofía y literatura: "Las consolaciones de la filosofía" de Alain de Botton) y los otros dos han sido a mi elección: "El ocho" de Katherine Neville y "Los girasoles ciegos" de Alberto Méndez.
Más adelante, una vez leído el libro y reflexionado sobre él, escribiré una entrada sobre el mismo.
Por ahora, el blog no se actualizará tan periodicamente como durante el curso pero sí puede que publique algo sobre alguna reflexión puntual veraniega a modo de aportación personal.

viernes, 29 de mayo de 2009

Propuesta de película: Blade Runner

BLADE RUNNER



Título original: "Blade Runner" (Posible traducción literal al español: "Perseguidor de la hoja cortante").

Dirección:
Ridley Scott.

Guión:
Hampton Fancher y David Peoples. (basado en la novela original "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" de Philip K. Dick).

Banda sonora:
Vangelis.

Países:
EE UU, Singapur.

Año:
1982.

Duración:
117 minutos.

Género:
Ciencia ficción.

Reparto:
Harrison Ford (Rick Deckard), Rutger Hauer (Roy Batti), Sean Young (Rachel), Edward James Olmos (Gaff), Daryl Hannah (Pris).

Sinopsis:
A principios del siglo XXI, la poderosa Tyrell Corporation desarrolló un nuevo tipo de robot llamado Nexus, un ser virtualmente idéntico al hombre y conocido como Replicante. Los Replicantes Nexus-6 eran superiores en fuerza y agilidad, y al menos iguales en inteligencia, a los ingenieros de genética que los crearon. En el espacio exterior, los Replicantes fueron usados como trabajadores esclavos en la arriesgada exploración y colonización de otros planetas. Después de la sangrienta rebelión de un equipo de combate de Nexus-6 en una colonia sideral, los Replicantes fueron declarados proscritos en la Tierra bajo pena de muerte. Brigadas de policías especiales, con el nombre de Unidades de Blade Runners, tenían órdenes de tirar a matar al ver a cualquier Replicante invasor. A esto no se le llamaba ejecución, se le llamaba retiro

Citas interesantes:

"No sé por qué me salvó la vida. Quizá en esos últimos momentos amaba la vida más de lo que la había amado nunca, no sólo su vida, la vida de todos, mi vida. Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que todos buscamos: ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿cuánto tiempo me queda? Todo lo que yo podía hacer era sentarme allí y verle morir" - Deckard

"¿Le gusta nuestro búho?" - Rachael
"¿Es artificial?" - Rick Deckard
"Naturalmente." - Rachael

"He visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión...He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser...Todos esos momentos se perderán... en el tiempo, como lágrimas...en la lluvia...Es hora, de morir" - Roy Batty

Opinión personal:
Aunque "Blade Runner" sea una película antigua tradicional no lo considero, ni mucho menos, una trama de ciencia ficción tradicional. Podríamos decir que el tema de la película gira en torno a un mundo de ficción humanizada, dando especial atención al tema de los sentimientos y emociones que en la película es el factor clave a la hora de diferenciar robots y humanos (una clave, de hecho, para darle sentido a la vida como podremos comprobar). En la película se puede comprobar como un simple robot, gracias a los grandes avances, puede comportarse de un modo mas "humano" que los nosotros y como nosotros, quizás también gracias a los grandes avances, podemos comportarnos de un modo totalmente mecánico e inhumano como un verdadero robot. Quizás una de las nuevas preguntas que nos podemos hacer dentro de un marco filosófico, parafraseando a la de "¿Qué nos separa de los animales?" puede ser "¿Qué nos separa de los robots?" o mejor dicho, separará porque actualmente están bastante claras las diferencias entre unos y otros. Sin embargo, no debemos olvidar que las grandes historias de ciencia ficción han predicho, gracias a la sensacional imaginación de sus autores, futuristas inventos y descubrimientos que, posteriormente, se han hecho realidad y se han adaptado a la sociedad como algo común (como por ejemplo, la energía atómica por H.W. Wells, el viaje a la Luna o el submarino por Julio Verne o los niños probeta por Aldous Huxley).

Semana del 18 al 22 de mayo (Lógica y Antropología)

El martes lo dedicamos por entero al tema de las falacias. Ese día vimos las siguientes: "Causa falsa","División", "Composición", "Hombre de paja", "Falso dilema", "Post hoc, ergo propter hoc", "Petición de principio", "Provincianismo" y "Suprimir pruebas". También unimos las falacias "Palabras equívocas" y "Ambigüedad" por su gran parecido.
El miércoles fue el último día de disertaciones del curso. Disertaron Antonio y Migue. La disertación de Antonio fue una reflexión sobre la muerte y sobre la visión de "la vida como un camino". La disertación de Migue, muy esperada por todos, siguió su original argumento "La filosofía ¿Sirve o no sirve?". En la disertación hizo una crítica hacia la filosofía argumentando que muchas veces se hace preguntas que no tienen mucho sentido (ej: ¿Para qué sirve preguntarte por qué has nacido en un sitio y no en otro?). Tras esto completó el tema preguntándole al profesor sus razones para estudiar filosofía y por último hizo algunos comentarios sobre la vida de Sócrates, criticando su forma de vivir y exponiendo que, aunque tuvo una vida no muy ejemplar, es escogido hoy día como un referente en el mundo de la filosofía.
El viernes dimos por terminado el tema de "Lógica" (el examen está programado para el miércoles 27 de mayo) y empezamos el de "Antropología" (que ya estuvimos viendo un poco el primer trimestre). Nos dio una introducción al tema y para terminar nos mandó las primeras 5 actividades del tema para el próximo día.

Semana del 11 al 15 de mayo (Lógica)

El martes se explicó la "reducción al absurdo" del tema y volvimos a centrarnos un poco más en el tema de las falacias (especialmente la negación del antecedente). Como nos sobró tiempo encendimos los ordenadores y pasamos a ver algunas de las redacciones de "El elogio de lo inútil" de los blogs (se leyeron las de Lucía, Patricia, Blanca y Marina).
El miércoles, día de disertaciones. Les tocó disertar a Jorge, Matías y Blanca. La disertación de Jorge fue una exposición sobre el tiempo desde un punto de vista científico (aunque, dentro de la ciencia, desde un punto de vista newtoniano, es decir, considerando el tiempo como una magnitud absoluta). La disertación de Matías fue sobre la muerte y de la forma en la que los humanos asumimos la muerte. La disertación de Blanca fue sobre la verdad y los distintos tipos de verdad que podemos distinguir.
El viernes tuvimos una excepción y Paula hizo su disertación sobre la realidad. Planteó la realidad como un producto de nuestra mente quedando patente el subjetivismo de la misma. Después, como sobró tiempo, encendimos los ordenadores y entramos en filoal2 para leer algunos textos filosóficos (v. Hume). Por último nos dedicamos al tema de las falacias.

sábado, 16 de mayo de 2009

Semana del 4 al 8 de mayo (Lógica)

El martes de esta semana, como solo dimos la mitad de la clase por la conferencia que tuvimos sobre libertad de expresión, el profesor prefirió hacer algo más especial y nos comentó algunos aspectos de un libro que se estaba leyendo "La memoria, la historia y el olvido" de Paul Ricoeur, especialmente del tema del tiempo y nuestra característica de tener siempre un heredero al que dejar las consecuencias de nuestros actos en un futuro: nosotros mismos (ver filoal).
El miércoles, me tocó a mí hacer la disertación que titulé "Un mundo feliz" parafraseando al título del famoso libro de Aldous Huxley. Básicamente la disertación giraba en torno a las características que tiene una distopía y por qué esas características la hacen ser una distopía propiamente dicha en vez de una utopía. Esta información viene completada con la entrada del libro que hice aquí.
Ese día solo diserté yo por lo que sobró tiempo para empezar la parte de lógica informal con la lectura del libro "Las claves de la argumentación".
El viernes continuamos leyendo la introducción del libro y finalizamos la clase con la siguiente idea que había surgido: "¿Criticar una opinión es argumentar u opinar, realmente?

viernes, 1 de mayo de 2009

Semana del 27 de abril al 1 de mayo (Lógica)

Esta semana hemos terminado ya completamente el tema de lógica formal dando los ejercicios por acabados y corregidos. A partir de ahora vamos a dar el tema de lógica informal (que se introdujo con un pequeño ejercicio de la definición de opinión y argumento y las funciones que pueden cumplir estos últimos). El próximo examen de filosofía será sólo de lógica y constará de una parte de lógica formal (en la que, con ayuda de una chuleta -con nombre, en la que podremos apuntar los esquemas de las reglas de inferencia más complejas- tendremos que formalizar y deducir enunciados como en los ejercicios que hemos estado haciendo) y otra parte de lógica informal que iremos viendo hasta el día del examen.
El miércoles tuvimos tres disertaciones. La primera fue la de Mar, que trató la diferencia entre algo "racional" y algo "razonable", términos que se suelen confundir en el lenguaje informal. La segunda fue la de Juan Carlos que hizo un estudio sobre las utopías, describiendo sus características, sus orígenes y dando ejemplos sobre ellas. La tercera y última fue la de David Real, que dio una vision personal sobre lo que para él es la filosofía y su objetivo.